lunes, 5 de marzo de 2007

Irán y Arabia Saudí intentan poner fin a la violencia entre chiíes y suníes

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, y el rey Abdalá de Arabia Saudí han acordado oponerse a los intentos de generalizar el conflicto entre chiíes y suníes en Oriente Próximo. Sus respectivos países lideran políticamente cada una de esas ramas del islam. Aunque tras su reunión del sábado por la noche no se ha anunciado una iniciativa concreta, el momento elegido para la entrevista, en vísperas de una conferencia multilateral sobre Irak, que se desangra por ese enfrentamiento, sugiere que las diplomacias de Teherán y Riad están buscando puntos de entendimiento.

"Irán y Arabia Saudí se oponen a que la región esté bajo influencia y conspiraciones enemigas. Durante este viaje, hemos tratado de idear fórmulas para evitar que [nuestros] enemigos dañen al mundo islámico y hacer fracasar sus maquinaciones", declaró ayer Ahmadineyad en Teherán. El presidente iraní no identificó a esos "enemigos", presuntamente Estados Unidos, el gran protector de la monarquía saudí. Con anterioridad, la agencia oficial del reino wahabí, SPA, había informado de que "los dos dirigentes coincidieron en que el principal peligro que amenaza a la nación musulmana en el momento actual es el intento de extender el enfrentamiento entre suníes y chiíes, y que debieran cerrar filas para parar el conflicto".

Los asesinatos sectarios que llevan a cabo milicias suníes y chiíes en Irak y la crisis política que en Líbano enfrenta a partidos de uno y otro rito musulmán, hacen temer que el conflicto pueda extenderse al resto de Oriente Próximo. En ambos casos, así como en Palestina (donde no hay una división sectaria), la suní Arabia Saudí y el chií Irán apoyan a grupos rivales. Los vecinos árabes de Irak responsabilizan a los grupos chiíes proiraníes de la violencia contra los suníes en aquel país. Irán, por su parte, acusa a EE UU de fomentar la brecha entre suníes y chiíes.

En 1988 Riad rompió sus lazos diplomáticos con la República Islámica, a la que acusaba de apoyar el terrorismo. El Gobierno de Mohamed Jatamí se esforzó por mejorar las relaciones bilaterales que se habían restablecido poco después de la guerra contra Irak de 1991, pero desde la llegada al poder de Ahmadineyad se habían enfriado. No obstante, y a pesar de su competencia por el liderazgo regional y de los musulmanes, los responsables de ambos países han reconocido el terrible riesgo que representa el eventual desbordamiento del conflicto sectario iraquí.

Las consecuencias serían desastrosas en las dos orillas del golfo Pérsico. En torno a un 10% de los saudíes siguen el rito chií. Irán, por su parte, cuenta con un 9% de suníes y un 3% de árabes. Así que el acuerdo para superar esa rivalidad histórica podría traducirse en el éxito de la conferencia sobre Irak que el próximo sábado va a celebrarse en Bagdad y a la que están invitados todos sus vecinos además de EE UU, la ONU y la Liga Árabe. Oficialmente, Teherán aún no ha decidido su participación en esa cita, pero ya ha descartado que vaya a mantener conversaciones directas con Washington.

"Hemos abordado en detalle los problemas palestinos e iraquíes. En muchos casos tenemos el mismo punto de vista", manifestó Ahmadineyad, que calificó la entrevista con el rey Abdalá de "constructiva y fructífera".

Según la agencia saudí, Ahmadineyad dijo que apoyaba los intentos saudíes para calmar la situación en Líbano y resolver la crisis política que tiene paralizado al Gobierno de ese país. Sin embargo, un portavoz iraní desmintió más tarde que el presidente hubiera respaldado la iniciativa árabe de paz con Israel. La existencia del país judío sigue siendo un tabú en Irán.

En los últimos cinco años, Irán se ha reafirmado como potencia regional, ante la creciente preocupación de sus vecinos árabes, mayoritariamente suníes. La intervención de Estados Unidos en la región le ha librado tanto del régimen talibán en Afganistán como de Sadam Husein en Irak. Fuente: El Pais.com