domingo, 27 de agosto de 2006

El regreso a la disuasión nuclear
José M. Alcántara González
Las declaraciones de Máximo Cajal -este valiente diplomático a quien recordamos por los sucesos de Guatemala- sobre el programa nuclear de Irán son merecedoras de apoyo. Lo que dice lo piensan y dicen muchos españoles. Es más que obvio que Irán tiene pleno derecho a desarrollar su energía nuclear y es más que absurdo que se lo pretendan impedir quienes toleran y alimentan la fuerza atómica en otros países, alguno vecino de Irán. A Irán le va en ello no sólo su soberanía, sino hasta la misma defensa propia, leyendo lo ocurrido en Irak y el respeto conseguido por Corea del Norte. Cabe hoy preguntarse, a la vista de la destrucción masiva de Líbano y con la memoria aún viva de Hiroshima y Nagasaki, si debe darnos más miedo que Irán tenga la bomba atómica o que la tengan Israel y Estados Unidos. El problema auténtico es que, con desprecio de los tratados y organizaciones internacionales, el mundo ha regresado a la política de la disuasión atómica, y los que la manejan son a la vez juez y parte. Link EL PAÍS - Opinión - 27-08-2006
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El espíritu de nuestro tiempo

La novela (como toda la cultura) se encuentra cada vez más en manos de los medios de comunicación; éstos, en tanto que agentes de la unificación de la historia planetaria, amplían y canalizan el proceso de reducción; distribuyen en el mundo entero las mismas simplificaciones y clichés que pueden ser aceptados por la mayoría, por todos, por la humanidad entera. Y poco importa que en sus diferentes órganos se manifiesten los diversos intereses políticos. Detrás de esta diferencia reina un espíritu común. Basta con hojear los periódicos políticos norteamericanos o europeos, tanto los de la izquierda como los de la derecha, del Time al Spiegel todos tienen la misma visión de la vida que se refleja en el mismo orden según el cual se compone su sumario, en las mismas secciones, las mismas formas periodísticas, en el mismo vocabulario y el mismo estilo, en los mismos gustos artísticos y en la misma jerarquía de lo que consideran importante y lo que juzgan insignificante. Este espíritu común de los medios de comunicación disimulando tras su diversidad política, es el espíritu de nuestro tiempo. Este espíritu me parece contrario al espíritu de la novela. Milan Kundera (El Arte de la Novela) (Tusquets) Link Blanca Vázquez