jueves, 22 de junio de 2006

Política y lobbies
"El buen político debería recibir a los lobbies con una ceja levantada, a sabiendas de que no tienen más legitimidad que la de defender la postura de aquellos que les pagan. Pero últimamente parece que de ese tipo de políticos quedan cada vez menos"

La palabra lobby es un anglicismo reconocido en el diccionario de la RAE, cuyo primer significado proviene del latín lobia, y hace referencia al claustro de un monasterio. Precisamente esa acepción de "vestíbulo de un hotel y de otros establecimientos como cines, teatros, restaurantes, etc., especialmente si es grande", fue la que dio origen a la segunda, "grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses". La Historia nos cuenta que entre 1869 y 1877, la mujer del entonces presidente norteamericano Ulysses S. Grant le prohibía fumar en el interior de la Casa Blanca, ante lo cual el Presidente se iba a disfrutar de sus cigarros al lobby del cercano Hotel Willard, en cuyos sillones se relajaba dando bocanadas de humo. Al ser visto frecuentemente allí, algunas personas y grupos que buscaban influencias políticas comenzaron a utilizar esos momentos de relax del mandatario para entablar conversación con él, intentando influenciarle en el sentido que más les interesase. Con el tiempo, la práctica del lobbying se volvió cada vez más sofisticada hasta el punto de que casi la mitad de los cargos electos en una legislatura determinada pasaban a ingresar lobbies de poder cuando su mandato terminaba y no eran reelegidos. La práctica, de hecho, ha llevado a tales abusos, que en marzo de este año 2006, el Senado norteamericano se vio forzado a debatir y aprobar la Legislative Transparency and Accountability Act, una declaración que intenta regular las actividades de este tipo de grupos y las prácticas que pueden y no pueden utilizar para llegar a influenciar a los políticos electos.
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