miércoles, 14 de junio de 2006

Opinión
Caos en Oriente Próximo
PALESTINA vive al borde del caos mientras el enfrentamiento con Israel se reaviva. La tensión crece en Oriente Próximo y los intentos de George Bush -que ayer viajó por sorpresa a Bagdad- por encontrar una salida al clima de creciente violencia en Irak complican todavía más el escenario. En estos momentos, dos conflictos armados se libran en Palestina a la vez. Por un lado, los ataques de represalia israelíes golpean la franja de Gaza como respuesta a los bombardeos de las milicias de el yihad islámica que operan desde ese territorio. Por otro, la lucha entre Hamás y Al Fatah se agrava y preludia lo peor: el estallido de una guerra civil. De hecho, las dos facciones mayoritarias han situado a la Autoridad Nacional ante la crisis política más grave vivida desde la muerte de Yaser Arafat. No en vano, ya han fallecido una veintena de palestinos, y la cifra puede aumentar según pasen las horas. Una descripción del escenario revela la extraordinaria gravedad de la situación: secuestros de parlamentarios y cruces de amenazas entre ambas facciones, las milicias de Al Fatah incendiando las sedes del Gobierno y el Parlamento, policías a las órdenes del presidente y del Gobierno intercambiando disparos, y todo ello dentro de un clima de violencia generalizada que ha obligado finalmente al presidente Abbas a decretar el estado de alerta máxima en los territorios de Gaza y Cisjordania. El origen de esta caótica situación está en la imposible cohabitación de Abbas y de su primer ministro, Ismail Haniyeh. La causa de ello hay que localizarla en la incompatibilidad que se da entre los proyectos que representan uno y otro para Palestina.
El pulso entre ambos comenzó realmente con la victoria de Hamás en las elecciones legislativas del pasado 25 de enero. La mayoría absoluta de los integristas desbarató los planes de negociación con Israel y desde entonces la tensión entre una y otra facción palestina ha ido en aumento. La negativa del Gobierno de Haniyeh de reconocer a Israel y el hecho de seguir respaldando la violencia terrorista contra este Estado han enrarecido el ambiente al bloquear la capacidad negociadora de los palestinos dentro del proceso de paz abierto ante la comunidad internacional con los israelíes. Máxime cuando lo hacen inviable en la práctica y debilitan la posición de Abbas como interlocutor en la negociación. El pulso político permanecerá mientras no se dilucide cuál de esos proyectos debe decidir el futuro, algo que ha tratado de forzar Abbas apelando a la voluntad del pueblo con la convocatoria de un referéndum para el 26 de julio y que el Parlamento controlado por Hamás trata de declarar ilegal el próximo día 20 de junio.
Así las cosas, el escenario se torna sombrío debido a la dificultad de aproximar las partes en liza y a la voluntad de un Israel que no duda en contribuir a la debilidad de su oponente con el fin de resolver sus propias querellas domésticas. Pésimas noticias para un conflicto que actúa como el eje de la compleja y difícil estabilidad del convulso Oriente Próximo.
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