jueves, 27 de abril de 2006

No atacar a Irán
ZBIGNIEW BRZEZINSKI
El anuncio de Irán de que ha enriquecido una cantidad muy pequeña de uranio ha desatado llamadas urgentes a un ataque aéreo preventivo de EE UU por parte de las mismas fuentes que antes alentaron una guerra contra Irak. Si se produce otro atentado terrorista en Estados Unidos, pueden apostarse su último euro a que también habrá de inmediato acusaciones de que Irán ha sido el responsable de generar una histeria ciudadana en favor de una intervención militar. Pero existen cuatro motivos apremiantes contra un ataque aéreo preventivo a las instalaciones nucleares iraníes.

Primero, en ausencia de una amenaza inminente (y a los iraníes les faltan como mínimo varios años para poseer un arsenal nuclear), el ataque sería un acto de guerra unilateral. Si se emprende sin una declaración formal de guerra del Congreso, el ataque sería inconstitucional y merecería la destitución del presidente. De forma similar, si se realizara sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, independientemente de si Estados Unidos lo hiciera en solitario o con la complicidad de Israel, catalogaría a sus autores de proscritos internacionales. Segundo, las probables reacciones iraníes agravarían significativamente las continuas dificultades de EE UU en Irak y Afganistán, y tal vez precipitarían un nuevo brote de violencia de Hezbolá en Líbano y posiblemente en otros países y, con toda probabilidad, sumirían a Estados Unidos en la violencia regional durante una década o más. Irán es un país de unos 70 millones de habitantes, y un conflicto con él haría que el contratiempo de Irak pareciera algo trivial. Tercero, el precio del petróleo aumentaría de forma acusada, sobre todo si los iraníes recortaran su producción o pretendieran desbaratar el flujo de petróleo desde los cercanos campos petrolíferos saudíes. La economía mundial se vería gravemente afectada, y se culparía a Estados Unidos de ello. Hay que tener en cuenta que el precio del petróleo ya ha superado los 70 dólares por barril, en parte debido a los temores de un enfrentamiento entre EE UU e Irán. Por último, después del ataque, Estados Unidos todavía tendría más probabilidades de convertirse en objetivo del terrorismo, a la vez que reafirmaría las sospechas globales de que el apoyo estadounidense a Israel es en sí mismo una de las principales causas del auge del terrorismo islámico. Estados Unidos quedaría más aislado y, por tanto, sería más vulnerable, mientras que las posibilidades de un posible acuerdo regional entre Israel y sus vecinos serían aún más remotas. Leer artículo Vía Link (El PAIS.es)