sábado, 4 de diciembre de 2010

España 35 años después de la muerte de Franco

Treinta y cinco años después de la muerte del último dictador de la historia contemporánea de España, la sociedad española ha podido dejar atrás algunos de los problemas fundamentales que más le habían preocupado en el pasado. Pero desde su tumba, Franco parece mostrar todavía el camino a seguir en otros no menos importantes.

La imagen dominante de España, 35 años después de la muerte de Franco, es la de un país con casi 5 millones de desempleados, donde avanza cada día más la pobreza, que ha perdido la confianza en sus gobernantes y que se asoma al futuro con miedo. Si a esa imagen lamentable se agregan el desprestigio de la casta política, la existencia de un Estado enfermo de obesidad mórbida y el preocupante avance de la corrupción, con cientos de miles de enchufados y amigos del poder, que parasitan al Estado sin aportar nada a cambio, y el lugar destacado que España ocupa en el ranking mundial del desempleo, la desconfianza ciudadana, el abandono de los jóvenes, la destrucción del tejido productivo, la prostitución, el tráfico y consumo de drogas, el blanqueo de dinero sucio, los abusos y privilegios de la casta política y otras lacras, puede afirmarse que la falsa democracia española, 35 años después de la desaparición del caudillo, lo ha resucitado y ha convertido la nostalgia en algo posible y creciente en algunos sectores del país que se sienten maltratados.


La inexistencia de una sociedad civil no es un fenómeno exclusivo del Franquismo. Hoy, en plena "democracia", la sociedad civil española está estrangulada y casi en estado de coma, tras haber sido ocupada sin misericordia por unos partidos políticos que carecen de control y que han entrado en todos los rincones y santuarios que les están vedados en democracia: religiones, medios de comunicación, universidades, sindicatos, cajas de ahorro, colegios profesionales, asociaciones, fundaciones, instituciones, empresas, cofradías y cientos de espacios que deberían ser independientes y servir de fermento a la sociedad civil.

Los logros más destacados de la democracia española son la ampliación de determinados derechos, la libertad de expresión, parcialmente neutralizada por el férreo control que el poder político ejerce sobre la opinión pública a través de sus aparatos de propaganda y del antidemocrático uso de los medios de comunicación, y la prosperidad, un fenómeno que fascinó a los españoles y al mundo entero durante las décadas de los 80 y los 90, pero que hoy, después de la desastrosa gestión de la crisis por parte de Zapatero y su gobierno, se está esfumando con una velocidad de vértigo.

A 35 años de distancia de la muerte de Franco, el verdadero debate en España debería ser el de la refundación de una democracia que ha resultado frustrante y fracasada y la firme voluntad de crear ahora una nueva, esta vez auténtica, en la que los políticos y sus partidos estén controlados por los ciudadanos, que son los soberanos del sistema, y en la que la corrupción, el abuso y la iniquidad estén castigados por las leyes, dictadas con consenso ciudadano y aplicadas por jueces independientes, ecuánimes y libres de politización.

*Voto en Blanco– F. Rubiales Moreno